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También hay espacio para la creatividad en transformación digital

Transformar no consiste sólo en saber construir soluciones. También hace falta imaginar posibilidades que todavía no existen.

Cuando hablamos de transformación digital solemos pensar en perfiles bastante concretos.

Tecnología.

Datos.

Procesos.

Arquitectura.

Automatización.

Gestión de proyectos.

Y, por supuesto, todos ellos son necesarios.

Pero transformar una organización requiere algo más que saber cómo funciona una tecnología o cómo optimizar un proceso.

También requiere imaginar aquello que todavía no existe.

Y ahí es donde la creatividad tiene mucho que aportar a la transformación digital.

La creatividad no pertenece sólo a determinadas profesiones

Durante mucho tiempo hemos asociado la creatividad a profesiones muy concretas.

Diseño.

Arte.

Comunicación.

Publicidad.

Entornos en los que crear algo nuevo parece formar parte explícita del trabajo.

En transformación digital, en cambio, tendemos a utilizar otras palabras.

Analizar.

Diseñar procesos.

Implantar.

Automatizar.

Integrar.

Optimizar.

Pero detrás de muchas de esas acciones existe también un ejercicio profundamente creativo.

Porque transformar implica mirar algo que existe y preguntarse si podría funcionar de otra manera.

Y eso, en esencia, también es creatividad.

Antes de construir algo nuevo, alguien tiene que imaginarlo

Una organización puede conocer perfectamente sus problemas y, aun así, tener dificultades para imaginar una alternativa.

Sabemos que un proceso es lento.

Sabemos que existen tareas manuales.

Sabemos que la información está fragmentada.

Sabemos que determinados sistemas no hablan entre ellos.

Detectar el problema es importante.

Pero transformar empieza cuando alguien plantea:

¿Y si lo hiciéramos de otra manera?

A veces esa pregunta nace de una persona técnica.

Otras, de alguien de operaciones.

De alguien que trabaja directamente con clientes.

De alguien que conoce profundamente un proceso.

O de una persona especialmente capaz de relacionar ideas que aparentemente no tenían nada que ver.

Las buenas ideas no respetan demasiado los organigramas.

Las personas creativas ven posibilidades donde otros ven restricciones

Existe una forma de pensamiento especialmente valiosa en transformación: la capacidad de trabajar con escenarios que todavía no existen.

No aceptar automáticamente que algo debe seguir funcionando como siempre.

Combinar conceptos.

Probar aproximaciones.

Representar una idea antes de que esté completamente definida.

Encontrar conexiones inesperadas.

Simplificar algo complejo hasta hacerlo comprensible.

Todo eso es creatividad.

Y resulta especialmente importante cuando trabajamos con tecnologías nuevas.

Porque frente a una herramienta desconocida podemos hacernos dos preguntas muy diferentes.

La primera es: ¿Para qué sirve esto?

La segunda: ¿Qué podríamos hacer con esto que todavía no estamos haciendo?

La primera busca comprender.

La segunda empieza a transformar.

Pero tampoco todo puede ser creatividad

Aquí aparece el equilibrio.

Imaginar posibilidades sin entender restricciones puede producir ideas interesantes pero imposibles de ejecutar.

La creatividad necesita encontrarse con el conocimiento técnico.

Con la realidad operativa.

Con los datos.

Con los recursos disponibles.

Con la estrategia.

Una persona puede imaginar una experiencia completamente nueva.

Otra puede entender qué arquitectura necesitamos para hacerla posible.

Otra puede anticipar cómo afectará al proceso.

Otra puede identificar los datos necesarios.

Otra puede conseguir que las personas realmente quieran utilizarla.

Ninguna tiene por qué dominar todas esas perspectivas.

De hecho, probablemente sea mejor que no lo haga.

Transformar es un trabajo colectivo

A veces representamos la transformación alrededor de determinadas figuras.

El experto.

El responsable de innovación.

El equipo tecnológico.

La persona que lidera el proyecto.

Pero las transformaciones importantes rara vez son el resultado de una única forma de pensar.

Necesitan personas estructuradas y personas exploradoras.

Personas que profundizan y personas que conectan.

Personas que cuestionan y personas que concretan.

Quienes ven riesgos.

Quienes ven posibilidades.

Quienes conocen profundamente cómo funciona algo hoy.

Y quienes son capaces de imaginar cómo podría funcionar mañana.

No se trata de decidir qué perfil es mejor.

Se trata de entender qué aporta cada uno al proceso de transformación.

La tecnología incluso amplía ese espacio

La inteligencia artificial y las nuevas herramientas digitales están haciendo algo especialmente interesante.

Están reduciendo algunas barreras entre imaginar y construir.

Hoy una persona que no sabe programar puede prototipar una aplicación.

Alguien sin conocimientos avanzados de diseño puede representar una idea visualmente.

Una persona de negocio puede experimentar con automatizaciones.

Un equipo puede convertir una conversación en un primer prototipo en cuestión de horas.

Esto no elimina la necesidad de especialistas.

Pero sí permite que muchas más personas participen en las primeras etapas de creación.

Y eso puede cambiar significativamente quién tiene capacidad para proponer soluciones dentro de una organización.

Quizá hemos definido demasiado estrechamente quién puede transformar

Creo que durante mucho tiempo hemos vinculado la transformación digital demasiado estrechamente con la tecnología.

Y eso ha podido generar una idea equivocada: que sólo determinadas personas tienen algo que aportar.

No es así.

Hay quien transforma construyendo.

Quien transforma organizando.

Quien transforma entendiendo datos.

Quien transforma simplificando.

Quien transforma conectando personas.

Y también hay quien transforma imaginando algo que todavía nadie había planteado.

Las organizaciones necesitan todas esas capacidades.

Porque transformar no consiste únicamente en encontrar la mejor respuesta.

A veces empieza mucho antes.

Empieza creando un espacio en el que alguien pueda hacer una pregunta diferente.

Y quizá una de las mejores cosas que podemos hacer en transformación digital sea precisamente esa: dejar espacio para que distintas formas de pensar encuentren su lugar.