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La IA como commodity: ¿dónde queda la ventaja competitiva?

Durante los últimos meses, incorporar inteligencia artificial parecía una forma de diferenciarse. Disponer de determinadas capacidades tecnológicas podía situar a una organización varios pasos por delante de sus competidores.

Pero esa ventaja empieza a cambiar de naturaleza.

Los modelos de inteligencia artificial son cada vez más accesibles, sus capacidades avanzan rápidamente y el coste de utilizarlos se está reduciendo.

Esto conduce a una pregunta interesante:

¿Qué ocurre con la ventaja competitiva cuando la inteligencia artificial deja de ser algo excepcional?

Cuando la tecnología empieza a convertirse en una commodity

En economía, una commodity es un producto o servicio cuyo valor depende cada vez menos de quién lo suministra, porque existen alternativas suficientemente comparables.

La electricidad constituye un buen ejemplo. Es imprescindible para una empresa industrial, pero disponer de suministro eléctrico no representa, por sí mismo, una ventaja competitiva.

Con determinadas capacidades de inteligencia artificial comienza a suceder algo parecido.

El informe AI Index 2026 de Stanford señala una convergencia en el rendimiento de varios de los modelos más avanzados. Paralelamente, un análisis publicado por Epoch AI en septiembre de 2026 estima que el coste de alcanzar un mismo nivel de rendimiento se ha reducido aproximadamente un 47 % por trimestre desde 2023.

No significa que todos los modelos sean equivalentes, ni que desarrollar inteligencia artificial avanzada haya dejado de requerir enormes inversiones.

Significa que una parte creciente de sus capacidades puede adquirirse como servicio, sin necesidad de desarrollarlas internamente.

La misma IA no produce el mismo resultado

Dos empresas pueden utilizar exactamente el mismo modelo y obtener resultados radicalmente diferentes.

Imaginemos dos fábricas que incorporan inteligencia artificial para analizar incidencias de producción.

La primera utiliza el modelo para resumir informes y generar recomendaciones.

La segunda lo conecta con sus históricos de producción, registros de calidad, criterios técnicos y decisiones anteriores. Además, establece mecanismos para verificar las recomendaciones y aprender de sus resultados.

Ambas disponen de la misma tecnología.

Sin embargo, sólo una ha construido una capacidad vinculada a su conocimiento industrial y a su manera de operar.

La diferencia no está necesariamente en la inteligencia del modelo, sino en todo aquello que lo rodea.

El valor se desplaza hacia lo que no puede comprarse fácilmente

Cuando una tecnología se generaliza, la ventaja competitiva tiende a desplazarse hacia otras capacidades.

En inteligencia artificial, ese desplazamiento puede producirse hacia el conocimiento específico, la calidad de los datos, la integración operativa y la capacidad de convertir resultados tecnológicos en mejores decisiones.

Un modelo puede contratarse a través de una API. Pero comprender las excepciones de un proceso, interpretar las necesidades de un cliente o reconocer las relaciones informales que condicionan una operación requiere algo más.

También exige conocer los límites de la propia tecnología.

No todas las decisiones deben automatizarse. No todas las respuestas merecen la misma confianza. Y no todos los procesos mejoran por incorporar un modelo de inteligencia artificial.

La cuestión deja de ser exclusivamente tecnológica y empieza a ser organizativa.

¿Y si la ventaja competitiva tiene fecha de caducidad?

Existe otra consecuencia menos evidente.

Si la diferenciación de una empresa depende principalmente de una capacidad tecnológica que mañana estará disponible para sus competidores, esa ventaja puede desaparecer rápidamente.

Por eso, la estrategia no debería limitarse a incorporar las últimas herramientas.

Debería construir capacidades difíciles de replicar: conocimiento acumulado, procesos bien diseñados, criterios de decisión, aprendizaje organizativo y una integración efectiva entre personas y tecnología.

La inteligencia artificial puede convertirse en una infraestructura cada vez más común.

Pero disponer de infraestructura no equivale a saber utilizarla mejor.

Quizá el cambio más importante no sea que la IA se convierta en una commodity, sino que obligue a las organizaciones a revisar qué consideran realmente una ventaja competitiva.

Porque, si todos pueden acceder a una inteligencia similar, ¿qué es aquello que una organización sabe hacer que las demás todavía no pueden?


Referencias

Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence. (2026). AI Index Report 2026 – Technical Performance.

Emberson, L. y Roodman, D. (2026). The plunging price of thought. Epoch AI.