Hace unos días, visitando Somos Naturaleza en CaixaForum Madrid, apareció una forma diferente de pensar en la digitalización.
No había procesos que optimizar. Ni cuadros de mando. Ni automatizaciones. Ni una discusión sobre productividad.
Había imágenes, sonido, movimiento y tecnología construyendo una experiencia.
Y eso lleva a una pregunta interesante:
¿por qué cuando se habla de digitalización se piensa casi siempre en trabajar mejor y tan pocas veces en disfrutar de otra manera?
Hemos asociado digitalización con eficiencia
Durante años, gran parte del discurso sobre transformación digital se ha construido alrededor de conceptos bastante similares: reducir costes, automatizar tareas, mejorar procesos, aumentar la productividad o tomar mejores decisiones.
Tiene sentido. Buena parte del valor económico de la tecnología procede precisamente de ahí.
Pero esa mirada es incompleta.
La tecnología también ha transformado profundamente lo que se hace fuera del trabajo: cómo se escucha música, cómo se descubre una ciudad, cómo se juega, cómo se visita un museo, cómo se aprende o cómo se comparte una experiencia cultural.
Digitalizar no significa únicamente hacer más eficiente aquello que ya existía.
También permite crear experiencias que antes simplemente no eran posibles.
Cuando la tecnología desaparece
Somos Naturaleza resulta interesante precisamente por eso.
La exposición de CaixaForum Madrid combina arte, ciencia y tecnología para construir una experiencia audiovisual inmersiva alrededor de la biodiversidad. Proyecciones, sonido, creación digital y participación convierten el espacio físico en algo diferente a una exposición tradicional.
Pero quizá lo más interesante ocurre cuando se deja de pensar en la tecnología que hay detrás.
Porque llega un momento en el que ya no se piensa en proyectores, algoritmos, procesamiento de imágenes o sistemas audiovisuales.
Se observa.
Se escucha.
Se recorre.
Se experimenta.
Y probablemente ahí aparezca una de las mejores señales de una tecnología bien integrada: cuando deja de reclamar protagonismo y permite que la experiencia ocupe su lugar.
Digitalización y ocio: la tecnología también puede significar jugar
Hay algo especialmente interesante en recuperar el concepto de juego dentro de la conversación tecnológica.
Durante mucho tiempo se ha hablado de tecnología como algo fundamentalmente funcional. Sin embargo, una parte enorme de la innovación digital contemporánea está vinculada precisamente a la tecnología y el ocio, la creatividad y la experimentación.
Videojuegos, realidad aumentada, experiencias inmersivas, instalaciones interactivas, museos digitales o nuevos formatos audiovisuales están creando espacios en los que la frontera entre cultura, tecnología y ocio resulta cada vez menos evidente.
Y no todo necesita una justificación productiva.
Una tecnología puede generar valor porque ahorra tiempo.
Pero también porque despierta curiosidad, facilita el aprendizaje, provoca una emoción o consigue que alguien permanezca durante unos minutos observando algo desde una perspectiva diferente.
Del consumo a la experiencia
Quizá uno de los cambios más interesantes esté precisamente ahí: en pasar de consumir una experiencia a formar parte de ella.
Durante mucho tiempo, gran parte del ocio se construyó alrededor de una relación bastante definida. Se observaba una obra, se veía una película, se escuchaba música o se recorría una exposición. La tecnología está haciendo que esa frontera sea cada vez menos rígida.
Las experiencias digitales permiten intervenir, explorar, modificar o incluso construir parte de aquello que se está experimentando. Una instalación puede reaccionar al movimiento, un espacio físico puede ampliarse mediante realidad aumentada y una obra digital puede evolucionar según la participación de quienes la visitan.
El ocio digital deja así de estar necesariamente vinculado a una pantalla. Puede ocupar espacios físicos, mezclarse con el arte, acercar contenidos científicos o convertir una visita cultural en una experiencia participativa.
Y quizá ahí esté una de las posibilidades más interesantes de la digitalización: no sustituir la experiencia física, sino añadir nuevas capas sobre ella.
La cuestión deja entonces de ser qué parte de nuestra vida puede digitalizarse y pasa a ser otra:
¿qué experiencias pueden existir gracias a la tecnología que antes no podían imaginarse?
Una digitalización más humana
Quizá por eso resulte interesante ampliar la conversación sobre transformación digital.
La pregunta no debería ser únicamente:
¿qué puede hacer la tecnología de forma más eficiente?
También podría ser:
¿qué nuevas experiencias permite crear?
Porque una sociedad digital no se construye solamente alrededor del trabajo.
También se construye alrededor de la cultura, el conocimiento, el ocio digital, las relaciones y el tiempo libre.
La innovación tecnológica tendrá una enorme capacidad para transformar cómo se produce. Pero probablemente una parte de su impacto más interesante estará en algo mucho más cotidiano:
cómo se disfruta del mundo.